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Desglobaliza: ideas contra el neoliberalismo y la globalización

Apuntes sobre globalización, ecología y medio ambiente, libre comercio, feminismo, Unión Europea, medios de comunicación, etc.

Ella para él, él para el estado y los tres para el mercado: Globalización y género. Por Chusa Lamarca

"Ella para él y él para el Estado” decía Hobbes, uno de los padres del liberalismo político y económico. Con esta frase, resumía el reparto de roles, la división sexual que durante siglos ha separado el espacio privado del espacio público y que reflejaba la subordinación de la mujer al varón y de ambos al Estado. Casi cuatro siglos después, la globalización económica capitalista aporta un nuevo actor en este reparto de funciones. El mercado irrumpe como principio articulador básico y totalizador alrededor del cual giran mujeres, hombres y los propios Estados.



Chusa Lamarca

El negocio del clima. La privatización del aire y la mercantilización de la atmósfera por Chusa Lamarca

Si alguien nos hubiera contado hace 30 años una historia absurda arguyendo que era posible privatizar el aire, nos hubíeramos reido a mandíbula batiente con tamaño disparate ¡Y como no carcajearse imaginando que era posible la compraventa de contaminación a la atmósfera! Pero como afirma el dicho, la realidad siempre supera a la ficción y hoy ni siquiera nos hubiéramos extrañado de que Gregorio Samsa, el viajante de comercio metamorfoseado en insecto por Kafka, no fuera un personaje de ficción, sino el resultado de una patente.



El mercado del carbono

A pesar de los acuerdos sobre cambio climático -Protocolo de Kioto y subsiguientes convenciones-, que establecieron reducir las emisiones de CO2 procedentes del uso de combustibles fósiles -petróleo y carbón utilizados en el transporte y la industria- por ser los causantes directos del calentamiento climático, cada año que pasa se liberan a la atmósfera 6.000 millones de toneladas de carbono, más de las dos terceras partes de las cuales proceden de los países del Norte. En su mayoría se trata de emisiones de "lujo" ya que si se siguieran criterios de equidad para estabilizar o reducir las emisiones totales serían precisamente los países del Norte los que deberían rebajar sus emisiones de forma considerable, además de igualar las emisiones per cápita a nivel mundial.

Sin embargo, la realidad es que los países sobredesarrollados y las grandes potencias no están por la labor de disminuir el uso de combustibles fósiles, sino que pretenden aumentar sus emisiones de CO2 a toda costa y se sirven de múltiples ardides como los llamados mecanismos de flexibilidad, entre los que se encuentran la compraventa de emisiones o la llamada compensación por depósitos de carbono. Ya existe un mercado de emisiones que permite a las empresas que contaminan por debajo de cierto nivel, vender créditos de contaminación a empresas más sucias. Se trata del establecimiento de un nuevo derecho liberal: el derecho a contaminar. EE.UU. apoyado por Japón, Australia, Nueva Zelanda y Canadá, defiende el derecho ilimitado a la compra de cupos de emisión a otros países y ha llegado a un acuerdo de compra con Rusia, país que, como otros países del Este de Europa, puede volver a los niveles de emisión que tenía en 1990, antes de desmantelar gran parte de su industria. La UE, por su parte, propone estos mismos mecanismos pero con el límite de que se utilicen sólo para un 50% de las reducciones acordadas en Kioto (que obligaban entre el año 2008 a 2012 a reducir una media del 5,2% para los 38 países industrializados, con respecto a los niveles de 1990). Se ha estimado que el mercado del carbono mundial podría alcanzar un volumen de 30.000 o 40.000 millones de dólares al año. ¡Un sustanciosísimo negocio!

Existen ya al menos 5 fondos de inversiones de carbono, uno de ellos ha sido puesto en marcha por el Banco Mundial. El PCF -Prototipe Carbon Fund ó Fondo Prototipo de Carbono- no está compuesto de acciones, sino de toneladas de carbono. Sirve para proyectos que implican créditos de gases de invernadero, con un total de unos 800 millones de dólares. Los inversores serán recompensados con los créditos o licencias correspondientes para emitir una cantidad equivalente de carbono a la atmósfera y podrán utilizar estos créditos para mantener sus propias emisiones o venderlos a empresas o países que no quieran reducir las suyas. Empresas públicas de Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia y grandes empresas como la petrolera British Petroleum y la firma Mitsubishi se han comprometido en este fondo. Algunos economistas prevén que el mercado del carbono le reportará grandes ganancias al BM para que siga financiando megaproyectos contaminantes de energía en los países “en desarrollo.” No olvidemos que los préstamos otorgados por el Banco Mundial para proyectos de energías renovables sólo representan el 8% de sus créditos para el sector energético.

La industria nuclear ataca de nuevo

Actualmente y con la excusa del cambio climático, surgen nuevos proyectos basados en la sustitución de combustibles fósiles por la energía nuclear como una solución a la problemática del calentamiento global. Todos estos proyectos están pensados para los países de la Periferia, porque en los países del Centro existe una notable contestación social ante este tipo de energía. Sin embargo, recientemente están surgiendo nuevos defensores de la industria nuclear en los países centrales y muchos de ellos se están replanteando su moratoria nuclear debido a la presión de la industria.

Pero a pesar de lo que afirmen estos nuevos adalides del isótopo, la energía nuclear no es una energía limpia (origina residuos y contaminación radiactiva, es cara y peligrosa, facilita la proliferación de armas nucleares e, incluso, el ciclo del combustible nuclear emite también gran cantidad de CO2), por lo que no debería formar parte de la solución al cambio climático ni a otros problemas ambientales.

Países como Francia, Reino Unido, Finlandia e incluso España pretenden lograr así sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero buscando que la financiación de nucleares se incluya entre los mecanismos de compraventa de emisiones bajo el denominado eufemísticamente mecanismo de desarrollo limpio. Si el llamado mecanismo de ejecución conjunta se lleva a cabo entre países desarrollados, por el contrario, el mecanismo de desarrollo limpio se realiza entre un país pobre y uno rico, con la excusa de ayudar a que el país pobre alcance el desarrollo sostenible.

El presidente del gobierno anterior, Jose María Aznar, realizó un viaje a China acompañado de un séquito de empresarios españoles cuyo resultado fue la suscripción, por parte del gobierno español, de un acuerdo de cooperación nuclear con fines pacíficos con China en el que participará la empresa española Equipos Nucleares SA, asociada a otras empresas multinacionales estadounidenses y japonesas. Y el presidente actual, Rodríguez Zapatero mantiene una postura ambigua. El cierre de la central nuclear de Zorita se debe a su obsolescencia, pero el gobierno no se pronuncia sobre el futuro de Garoña, cuyo permiso de explotación vence en 2009 y Petronor ya ha anunciado que pedirá una prórroga.

Los sumideros de carbono y el mecanismo de compensación

Otro de los mecanismos, la llamada compensación de emisiones consiste en seguir liberando CO2 a la atmósfera siempre que se contrarreste con la plantación de árboles o de distintos tipos de cultivos agrícolas para que constituyan sumideros de carbono. Un sumidero es un ecosistema capaz de absorber más CO2 del que emite, actuando como una trampa de carbono. Así, sumideros de carbono son, por ejemplo, el mar y la vegetación terrestre. Sin embargo, aumentar los sumideros de carbono no es lo mismo que reducir el nivel de CO2 que se expulsa a la atmósfera. La emisión que se ahorra corresponde a un combustible fósil que permanece en forma segura bajo tierra, sin pasar a la atmósfera. Pero las capturas de CO2 por parte de un bosque, por ejemplo, además de ser muy difíciles de medir, son un fenómeno que puede ser fácilmente reversible si se produce un incendio o se degrada dicho bosque.

El mecanismo de compensación de emisiones permite que cualquier industria que emita millones de toneladas de CO2 u otros gases de efecto invernadero, se considere que emite la misma cantidad que un campesino, con la única condición de que se dedique al monocultivo de plantaciones forestales (eucaliptos, pinos y otras especies de crecimiento rápido). Esta concepción descabellada implica, además, que quien tiene derecho a utilizar la atmósfera, puede igualmente utilizar más recursos, tales como tierra, agua y trabajadores para plantar árboles y explotarlos.

Además de este abuso en la apropiación de recursos por parte de los países y de las industrias del Norte o de los perjuicios que sobre el suelo y la biodiversidad y el impacto social que sobre las comunidades locales suelen causar los monocultivos forestales, la realidad es que no existen evidencias científicas que prueben la eficiencia de las plantaciones forestales en materia de fijación de CO2 por lo que el mecanismo de compensación, además de ser injusto e inmoral no tiene ninguna justificación ecológica. Cuando mueren los árboles vuelven a emitir CO2.

En octubre de 1999 un informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) fue más lejos al llegar a la conclusión de que si la Tierra se calentase, este tipo de plantaciones llegaría incluso a liberar la mayor parte de su carbono a la atmósfera, por lo que promoverían el calentamiento global en vez de disminuirlo.

La privatización de la atmósfera

El protocolo de Kioto y los posteriores acuerdos sobre cambio climático (Buenos Aires, Bonn...) no sólo suponen un cambio cosmético en cuanto a reducción de emisiones, sino que han abierto la puerta a mecanismos de privatización y mercantilización de la atmósfera. La lógica de estas medidas consiste en la “racionalidad” económica basada en que es mejor disminuir las emisiones allí donde sea más barato (es decir, en los países del mal llamado Tercer Mundo, por lo que los países ricos pueden seguir emitiendo). Los grandes beneficiarios con el comercio del clima no sólo son las grandes transnacionales del Norte: las empresas energéticas, forestales y de celulosa, las grandes constructoras, la industria del automóvil y las financieras, sino también las Agencias Multilaterales como el BM y otras Agencias de la ONU. Incluso algunas entidades ambientalistas están participando en el pastel. La UNCTAD ha contribuido a crear la Asociación Internacional para el Comercio de Emisiones, en la que participan unas 60 empresas transnacionales y grandes ONGs de medio ambiente. En esta organización, que ya ha empezado a reunirse para negociar el "aire caliente", también participan empresas españolas como Endesa y Riotinto.

Emisiones made in Spain

A pesar de que la Unión Europea, de acuerdo con el firmado Protocolo de Kioto, se comprometió a reducir sus emisiones conjuntas un 8% en el período 2008-2012 respecto a 1990, y de que a España le correspondió un aumento del 15% en el reparto europeo, la actual política energética y de transportes que propicia el libre comercio, el hiperconsumismo y la maximización de beneficios por parte de las grandes empresas del automóvil, del petróleo, las grandes constructoras y las eléctricas, ha hecho que nuestro país se convierta en un paradigmático ejemplo de cómo se incumplen las ya de por sí raquíticas e insuficientes medidas de reducción firmadas en Kioto. No se han publicado cifras oficiales, pero según los últimos cálculos, las emisiones españolas del principal gas responsable del calentamiento terrestre, el dióxido de carbono de origen energético, crecieron un 4,41% en 2005 respecto a 2004, y son un 61,97% mayores que en 1990 (sin incluir los sumideros). En total, las emisiones de CO2 han aumentado un 52,88% desde 1990. España es el país industrializado que más ha aumentado sus emisiones, está entre los 20 países más emisores del mundo y sus emisiones superan en más del 50% la media mundial.

Conclusión

Los mecanismos de compraventa de aire sucio y de comercio de emisiones suponen una nueva vuelta de tuerca hacia la mercantilización y privatización de todos los aspectos de la vida. El derecho a un aire limpio, a un medio ambiente adecuado y a un clima saludable, debe primar sobre cualquier interés económico. No podemos olvidar que existe una correlación directa entre el actual modelo capitalista globalizado que sólo persigue el crecimiento económico mediante la expansión y ampliación de los mercados, y el aumento de las emisiones de CO2, principal causante del cambio climático. Con el clima y la salud no se negocia.

Enlaces:

    - Ministerio de Medio Ambiente: Cambio climático, qué es y cómo nos afecta. http://www.mma.es/oecc/ccquees.htm
    - Oficina Española para el Cambio Climático: http://www.mma.es/oecc/
    - IPCC. Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático. http://www.ipcc.ch/
    - Convención de Naciones Unidas para el Cambio Climatico. http://unfccc.int/
    - Grupo Intergubernamental de expertos sobre el Cambio Climático. La capatación y el almacenamiento de dióxido de carbono, 2005. http://arch.rivm.nl/env/int/ipcc/pages_media/SRCCS-final/IPCC%20Sp.pdf
    - CCOO. Evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en España (1990-2005). http://www.ccoo.es/publicaciones/0604_emisiones.pdf

Chusa Lamarca

La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (I)

Introducción e Índice por Chusa Lamarca

“A veces pienso, a veces soy.”
Paul Valéry

En el imaginario colectivo, la Unión Europea aparece como una gris nebulosa que promueve la equidad de géneros mediante sus políticas e instituciones. La UE se presenta a sí misma como una organismo que adoptó el compromiso de promover la igualdad entre hombres y mujeres, allá por 1957, cuando se firmó el Tratado de Roma. Tras 45 años de política europea y pese a las legislaciones tanto de la UE como de los estados miembros, las desigualdades entre mujeres y hombres se mantienen –y en muchos casos se incrementan- y la UE no cesa de preguntarse –y nosotras con ella-, de forma ingenua o capciosa, el porqué.

La reestructuración hacia una economía global de mercado está reconfigurando todo el orden social y económico. El mercado recoloca a los sujetos sociales en las nuevas relaciones de producción y consumo y remueve también las viejas relaciones de poder entre mujeres y hombres, no destruyendo los desequilibrios y las relaciones de dominación existentes, sino perpetuándolas y profundizándolas al redefinir y reasignar nuevos roles para las mujeres. Tal y como titulé en un anterior artículo, la globalización capitalista se fundamenta en una vieja máxima reformulada: Ella para él, él para el Estado... y los tres para el mercado , pues el mercado se convierte en el factor articulador de la organización social, alrededor del cual giran las mujeres, los hombres y los propios estados.


Este texto consta de 8 capítulos:

    I. Introducción e Índice

    II. La UE o la utilización del género como coartada en las dinámicas de la globalización

    III. Sobre cuotas, poder y maquillajes en el orden androcéntrico

    IV. La integración de las mujeres en la economía de mercado"

    V. El discurso de la “igualdad de oportunidades” de la UE o cómo conseguir la igualdad para competir hacia la desigualdad

    VI. Las políticas de la UE de cooperación y ayuda al desarrollo o cómo integrar a las mujeres en el capitalismo globalizado

    VII. La Unión Europea y su interesada visión del "desarrollo"

    VIII. Apuntes finales

Chusa Lamarca

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La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (II)

La UE o la utilización del género como coartada en las dinámicas de la globalización por Chusa Lamarca

Después de cada guerra alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Wislawa Szymborska: Fin y principio, 1993


En la “próspera” y “culta” Europa, las cifras del desarrollo económico se entremezclan con las de la pobreza y la exclusión, el desempleo y los despidos masivos; la incorporación de las mujeres al “mercado laboral” va indefectiblemente ligada a la imposición de una doble jornada, puesto que los hombres siguen sin asumir sus responsabilidades en el ámbito doméstico; las condiciones laborales y sociales empeoran y las diferencias salariales y los desequilibrios en los puestos de poder y de toma decisiones entre mujeres y hombres se mantienen; mientras que los medios de comunicación exhiben un sangrante e incesante desfile de mujeres víctimas de la violencia a manos de sus compañeros o ex-compañeros masculinos (1).

Los discursos discriminatorios y misóginos han desaparecido de los documentos oficiales de la UE (2), y la apelación a la igualdad de géneros está presente en todos sus informes. Sin embargo, los poderes públicos y la UE entre ellos, vienen practicando una apropiación descarada, un desplazamiento y una tergiversación de los conceptos y de los discursos feministas. La toma en consideración de la perspectiva de género ha sido manipulada y despolitizada hasta convertirse en una justificación para otros fines. Un ejemplo paradigmático ha sido la defensa de la guerra en Afganistán bajo la excusa de que era necesario liberar a las mujeres del burka, cuando durante años los medios de comunicación y la “comunidad internacional” permanecieron impasibles ante la expropiación de sus más elementales derechos humanos o incluso, como es el caso de EE.UU. contribuyeron a apoyar al régimen talibán. Y mientras se dice liberar a las mujeres de su opresión, se bombardean sus hogares; se siembran de minas sus ciudades y aldeas; se mata a sus hijos, familiares y amigos; se las condena a morir de hambre y de sed o se las conduce a una huida desesperada quizás sin posibilidades de retorno. A alguna justificación moral hay que apelar y las mujeres son una coartada fácil, cuando lo que se pretende es defender la violencia y la guerra, y se tratan de ocultar otros intereses económicos como el control de recursos naturales, el negocio de armas o un nuevo posicionamiento geoestratégico por parte de las grandes potencias, la UE entre ellas.

Aunque las políticas europeas han ido variando con el paso del tiempo y el tamiz de género se ha convertido en una constante gracias a la labor y el esfuerzo denodado de muchas mujeres, no hay que olvidar que lo que realmente promueve el proyecto europeo, el núcleo puro y duro de su política, es la conformación de un mercado global y la configuración de un orden social y económico capitalistas. Convendría analizar, pues, si los valores que promueve la globalización: la competencia, el individualismo, la compraventa, el beneficio y la rentabilidad por encima de todo, la razón y la ética económicas o dar un mayor valor al ciclo del dinero que al ciclo de la vida, son compatibles con el bienintencionado objetivo que dice perseguir la UE, de lograr la igualdad entre mujeres y hombres. ¿No son precisamente los valores androcéntricos llevados a su extremo los que promueve la globalización? Estos valores perjudican tanto a mujeres como a hombres, pero especialmente se ceban contra las primeras.

La UE utiliza la retórica de la perspectiva de género para imponer un orden social y económico injusto. La UE utiliza a las mujeres como medios para controlar y dirigir las políticas demográficas, para alcanzar los objetivos macroeconómicos, para impulsar las políticas de libre comercio, para que las transnacionales sigan obteniendo beneficios, para seguir haciendo ricos a los más ricos y para que la globalización capitalista se extienda a todos los lugares del planeta y a todos los ámbitos de relación humana. En los países de la periferia, bajo la excusa de fomentar el control de natalidad y la salud, el bienestar infantil, la educación y la erradicación de la pobreza, las mujeres se convierten en medios a través de los cuales la UE pone en práctica sus políticas neoliberales.

El capital sigue creciendo y acumulando no sólo a costa del menor salario que paga a las mujeres, sino también a costa de un trabajo que realizan las mujeres y que permanece aún invisible y sin valor económico y social, como es el de cuidar, mantener y dar vida a los que serán los futuros “productores” y “consumidores” para el sistema. Sin ese trabajo, básico y necesario para la vida y el funcionamiento de cualquier tipo de sociedad humana, tampoco serían posibles un mercado y una sociedad capitalistas (3). El capital convierte a las mujeres en “externalidades” a costa de las cuales incrementa sus beneficios.

La UE sigue diferenciando claramente el espacio político del espacio social y marcando los límites entre el ámbito público y el ámbito privado, sin comprender que hasta que no se conecten estas dos esferas separadas, las necesidades e intereses de las mujeres seguirán sin ser tenidas en cuenta y que los desequilibrios entre géneros continuarán sin resolverse. Las labores de cuidado, mantenimiento y responsabilidad de los núcleos familiares, de las que se desentienden tanto el mercado, como ahora el estado, siguen recayendo sobre las mujeres, y ahora se les exige también una fuerte presencia en el mercado para competir en “igualdad” de condiciones con los hombres. El resultado de esta doble –y triple jornada si quieren intervenir en ese artificio que se denomina política- es que las condiciones de vida para muchas mujeres han empeorado (aunque las condiciones materiales sí hayan mejorado) y lo que, en principio, iba a liberarles de la subordinación, se ha tornado en una doble opresión.

La UE ha impulsado normas, leyes y reglas y ha cambiado el discurso, pero las bases sobre las que se asienta la dominación androcéntrica siguen intactas. El género sigue siendo un sesgo puesto que las políticas y programas con “sensibilidad” hacia el género se mantienen como aspectos secundarios que no llegan a tambalear –ni siquiera a poner en cuestión- las causas estructurales de la desigualdad. La retórica del género que utiliza la UE y la promesa de aplicar la transversalidad en todas las políticas mediante el uso de indicadores de género, permiten poner de manifiesto -y parchear en algunos casos- las desigualdades, pero las relaciones de poder entre hombres y mujeres no se alteran. La perspectiva de género como algo secundario, no supone de por sí la equidad, ni tampoco un cambio de paradigma y muchas veces constituye una coartada con la cual ocultar las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres, que van mucho más allá de las diferencias de género y sexo.

Hay muchas formas de intervenir en lo político, lo social, lo cultural, lo doméstico, lo simbólico y todos los demás ámbitos, y la multiplicidad y diversidad de expresiones organizativas es sana y necesaria, sin embargo, ya podemos apuntar un análisis, puesto que hay suficiente camino recorrido, de lo que de verdad puede aportar un feminismo institucionalizado dentro de un marco como es el de la Unión Europea. Podemos resaltar que los avances en materia de igualdad de géneros dentro de los canales oficiales de la política europea –y más cuando el poder político ha perdido influencia frente al todopoderoso poder económico-, están muy limitados, y que no sólo es perentorio buscar otros caminos, sino que luchar desde el ámbito de la UE es un espejismo, que en muchos casos se está volviendo contra las propias mujeres.

NOTAS:

(1) Más de 40 millones de mujeres europeas son víctimas de malos tratos en el hogar. Una reciente encuesta del Eurobarómetro muestra que sólo la mitad de las personas entrevistadas, reconocen que la violencia está bastante extendida y un 46,1% de las personas encuestadas (la mitad eran mujeres) responsabiliza a la mujer de provocar la violencia con su comportamiento.

(2) Aunque de vez en cuando alguna “perla” machista se sigue encontrando todavía en boca de los políticos, gobernantes y gestores europeos. El lamentable diálogo sobre el reparto de una docena de agencias europeas -entre las que se encontraban las de alimentación y tecnologías de la información- con que concluyó la Cumbre Europea de Laeken y que fue recogido por los medios (El País: El jamón dulce y las mujeres, 18-12-2001), semejó una discusión de taberna entre un chulesco Berlusconi gritando que Parma es sinónimo de buena cocina, que Helsinki es buena para los congelados y que los finlandeses ni siquiera saben lo que es el jamón dulce. Persson, el primer ministro sueco, afirmando despectivamente que es raro que la agencia de tecnologías pueda ir a España y un rijoso Chirac haciendo comentarios machistas preguntándose ¿qué pasaría si Suecia tuviera una agencia para formar modelos, ya que tiene mujeres guapas? es una muestra palpable del nivel de reflexión de los principales líderes europeos y de que, como no, cuando alguien se hace eco de los tópicos típicos, no podía faltar el más típico y tópico de todos: la impertinencia machista; fiel reflejo de que los discursos elaborados han cambiado mucho, pero que el subconsciente traiciona y saca a la luz que las ideas de fondo han cambiado bien poco.

(3) Para el feminismo, y para hacer un análisis correcto del funcionamiento del sistema económico y social, es fundamental diferenciar entre trabajo y empleo asalariado, pues muy alegremente, o de forma deliberada, no se suele tener en consideración toda esa enorme cantidad de trabajo que realizan las mujeres al margen del mercado, que no se recoge en los balances macroeconómicos y que aparece en los informes oficiales bajo el epígrafe falso, interesado y denigrante de “inactividad”.

Chusa Lamarca

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La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (III)

Sobre cuotas, poder y maquillajes en el orden androcéntrico por Chusa Lamarca

“Es ridículo asumir el trabajo de un hombre sólo para poder decir que una mujer lo ha hecho.
La única razón decente de abordar una tarea
es que sea tuya y que tú quieres desempeñarla.”
Dorothy Sayers: Are women human?


La presencia de mujeres en las instituciones no garantiza la perspectiva de género ni tampoco que éstas representen a las mujeres como colectivo. En la UE, los lobbies de mujeres continúan luchando por las cuotas puesto que las cifras de la desigualdad siguen siendo escandalosas. En las propias instituciones de la UE y en los estados miembros, las mujeres son franca minoría: sólo el 25% de los miembros de la Comisión Europea son mujeres, y de ésta únicamente un 2,8% son Directoras Generales. Tanto el Tribunal de Justicia como en Tribunal de Cuentas cuentan con una sola jueza cada uno. La representación femenina en el Parlamento Europeo es del 30,2% y, aunque la anterior presidencia ha estado ocupada por una mujer, sólo existen un 7% de las vicepresidencias y un 29% de las presidencias de comisión que recaen sobre mujeres (1).

Las cifras son aún más desalentadoras en los parlamentos nacionales. El índice medio de la UE es del 18,6%, aunque hay diferencias notables entre países: desde el caso excepcional de Suecia, con un 43,6% de parlamentarias y un 52,6% de mujeres en el gobierno, hasta llegar a Grecia con un escaso 6,3% de mujeres en su parlamento.

Cabe preguntarse ¿ha cambiado algo? Sí, indudablemente ha habido avances. También se han creado ministerios y organismos de mujeres, maquinarias institucionales especializadas en género, e incluso en Noruega se ha llegado a hablar de feminismo de Estado, con pactos entre mujeres que han conseguido mayoría en el gobierno (2). Pero la lucha por el poder de las mujeres desde dentro del poder, se ha demostrado vana para modificar y transformar el mundo y para acabar con unas relaciones asimétricas. Al igual que la izquierda ha sido siempre absorbida y ha acabado adaptándose, perpetuándose y enquistándose en un sistema que pretendía combatir desde dentro, la participación de las mujeres en las instituciones androcéntricas hace ahora más difícil desentrañar que lo que existe es un falso igualitarismo incapaz de reconocer la diferencia igualitaria e incapaz de romper unas relaciones injustas entre géneros, siempre opresivas para las mujeres.

La presión y la lucha de las mujeres en la UE ha obligado a ceder poco a poco espacios y a aceptar ciertas demandas de las mujeres, pero el orden de pensamiento androcéntrico continúa vigente con los valores, creencias y actitudes en los que siempre domina la lógica masculina. Es más, la visión masculina sigue afirmándose como la única posible y como la visión universal y muchas mujeres que “triunfan” lo logran precisamente tras haber adoptado los modelos masculinos y competir en los campos que ellos establecen y con las reglas que ellos fijan. Hoy por hoy sigue sin ser posible un acercamiento horizontal y el diálogo con lo masculino parece que sólo se puede establecer desde los parámetros de la masculinidad (3).

La lógica masculina se ha impuesto siempre en la política, la ética, la historia, la filosofía, el arte, la cultura y la ciencia (utilícense también sus plurales) y se ha entrelazado con las ideologías, las estructuras sociales, económicas, raciales y sexuales yuxtaponiendo a las desiguales relaciones sociales, económicas, políticas, simbólicas y culturales, el constante sustrato de las relaciones asimétricas entre géneros (4). Lo que muchas mujeres sospechamos es que el poder es, en sí mismo, un atributo androcéntrico y que los distintos poderes se van entretejiendo en una maraña difícil de desentrañar, por lo que habrá que hacer frente a todas y cada una de las manifestaciones de poder. Existe, también, una responsabilidad individual y social para determinar si uno/a ejerce una relación de poder sea en el ámbito que sea: económico, político, social, cultural o doméstico y si esta relación se sustenta también en un poder basado en la opresión de un género por otro. En algunos casos son las propias mujeres las que adoptan el rol masculino y tratan de ejercer el poder androcéntrico. Para las mujeres –y para los hombres- pensar de otra manera se convierte en sí mismo en un acto de resistencia.

Los espacios del poder, como es el caso de la UE, son espacios y estructuras no sólo ocupadas en su mayor parte por varones, sino espacios androcéntricos en sí mismos, espacios empobrecedores en los que es imposible desarrollar nuevos valores y desde los que es más difícil proyectar e impulsar otras lógicas. La UE es un espacio monolítico y de pensamiento único, impermeable a la propuesta de repensar el mundo e impenetrable a las nuevas formas de imaginar, actuar e interpretar la política de otra forma. Las mujeres dentro de la UE han variado, en parte, sus relaciones con el poder, pero no han modificado un ápice el poder mismo.

Desde las estructuras no se cambia el poder, y menos en el caso de las mujeres que como se ha demostrado, cuando se suman a él siempre se topan con el denominado techo de cristal. El feminismo abrió una nueva puerta de acción colectiva haciendo visible que la política no debe ser la lucha por el poder, sino una profunda crítica a todo poder. El feminismo también percibió una nueva manera de entender y practicar la política donde el fin no justifica los medios, donde lo social ocupa el espacio de lo político, donde no existe separación entre el espacio privado y el público, donde lo personal también es político y donde las resistencias contra el poder toman muchas formas y caminos distintos, pero entre las que prima un cambio de valores, un cambio radical de conciencias y de actitudes tanto individuales como colectivas y una nueva forma de entender y organizar el mundo.

El feminismo es una amalgama, un crisol, una complejidad de ideas, experiencias, actitudes y acciones, y esto nos conduce a hablar de feminismos. El feminismo/los feminismos han aportado una renovación ética, una reinterpretación del mundo, un nuevo lenguaje, nuevos valores, una nueva lógica y nuevos enfoques para el conocimiento, la historia y la política, pero también nuevas formas de resistencia.

El poder que discrimina a las mujeres no es únicamente un poder masculino porque sean los individuos varones los que ocupan las butacas y los puestos de mando, el poder es una construcción social que hay que erradicar y combatir, dando un nuevo sentido a las relaciones humanas. Además, hay que tener en cuenta, que el espacio político tradicional ha quedado cada vez más relegado, y que son cada vez más los poderes económicos y los mercados mundiales, los que imponen las reglas. En la UE -configurada ya desde sus inicios como un mercado, una unión económica y monetaria, y no como un proyecto de sociedad - son los poderes económicos los que van adquiriendo mayor injerencia en las decisiones que nos afectan, mientras que el poder político pierde influencia. ¿No es sospechoso que en el momento de mayor exclusión social y económica tanto para mujeres como para hombres, se pida a las mujeres una mayor inclusión en las administraciones e instituciones políticas oficiales? Suecia es, en este sentido, el país más igualitario de la UE, con un porcentaje del 43% de mujeres en el parlamento, un 61,3% de tasa de actividad femenina (frente a un 76% en los hombres), un mes por baja de paternidad obligatoria y unos servicios sociales que cuentan con una nutrida red de centros de atención a la infancia y unos servicios públicos domiciliarios que cubren las necesidades de atención del 17% de la población anciana. Sin embargo, sólo hay un 6% de mujeres directivas en el sector privado y un 3% en los consejos de administración de empresas que cotizan en bolsa. Además, un estudio realizado en 1997 mostró que el trabajo doméstico sólo se comparte equitativamente en el 13% de hogares suecos.

En la UE, las especialistas y profesionales del género han llegado a conformar una tecnocracia que se aleja mucho de las necesidades reales de las mujeres. Esta elite está inserta tanto en las instituciones europeas como en los organismos internacionales, que son quienes diseñan las “políticas de la igualdad” y los programas de “ayuda al desarrollo” mientras que muchas ONGs y grupos de presión, a las que se inviste de representación colgándoles la etiqueta de “interlocutores sociales”, se encargan de ponerlos en marcha. En eso consiste, para la UE, la participación de las mujeres en la sociedad y la política, pues el poder sólo trata con intermediarios sumisos y disciplinados.

NOTAS:

(1) La mayor parte de estos datos han sido extraídos de COMISIÓN EUROPEA: Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones. Hacia una estrategia marco comunitaria sobre la igualdad entre hombres y mujeres (2001-2005). Bruselas, 7-6-2000. COM (2000) 335 final.

(2) El diario El País se hacía eco de un curso impartido por diputadas noruegas a diputadas españolas con el fin de enseñarles a moverse en las movedizas arenas de la política. Las noruegas informaban de cómo en ocasiones eran ninguneadas por sus compañeros diputados o cómo les falla su propia autoestima. “Inseguridad, baja autoestima y estrés son el precio que pagan las mujeres diputadas y que ven cómo, en un mundo tradicionalmente de hombres, su labor queda aún hoy muchas veces relegada a anécdota”... “En Noruega, como tenemos cuotas de hasta el 40% de presentación femenina en los órganos políticos, muchos hombres y mujeres creen que ya se ha llegado a la igualdad, porque es lo que dice la ley, pero la realidad es aún muy dura”... “El debate de fondo sigue siendo si las mujeres construimos nuestra propia fórmula de hacer política o si nos adaptamos a las reglas tradicionales, que son las de los hombres.” EL PAÍS: Curso de supervivencia para políticas, 31-12-2001

(3) Afortunadamente sí existen algunos intentos de este acercamiento horizontal y no jerárquico entre géneros. Desde hace poco más de una década, se están formando y organizando algunos colectivos y grupos de varones que tienen como objetivo cuestionar la identidad y construcción de la masculinidad. En Jerez de la Frontera se celebraron, en diciembre de 2001, las Primeras Jornadas Estatales sobre la Condición Masculina, en donde muchos de estos colectivos presentaron sus ponencias y talleres con una crítica radical a la masculinidad como norma universal.

Las lógicas que se persiguen desde el movimiento antiglobalización van también en esta dirección de concebir el mundo con una visión radicalmente distinta a la androcéntrica y promueven también un acercamiento horizontal entre los géneros. Se han realizado algunas reflexiones y acciones al respecto, sin embargo, todavía no se le ha dado al tema la dimensión e importancia que merece.

(4) No es sólo que los varones hayan dominado estos campos (la Historia con mayúsculas sólo recoge los hitos de filósofos, científicos o artistas varones), sino que la lógica androcéntrica es la que se encarga tanto de categorizar las disciplinas, como también los parámetros sobre los que éstas se asientan. Tanto la ciencia como el arte, la filosofía, la historia y la cultura se han construido desde el poder masculino y con los valores masculinos y se han puesto al servicio de los varones, dejando al margen la visión de las mujeres y, en muchos casos, construyéndose contra las mujeres. El proceso es similar al que ha ocurrido con la cultura occidental, que se ha elevado a la categoría de valor principal, único y universal y que establece los parámetros sobre lo que es y significan cultura, civilización o desarrollo.

Chusa Lamarca.

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Desglobaliza: ideas contra el neoliberalismo y la globalización. Creative Commons License Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
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