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Desglobaliza: ideas contra el neoliberalismo y la globalización

Apuntes sobre globalización, ecología y medio ambiente, libre comercio, feminismo, Unión Europea, medios de comunicación, etc.

La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (II)

La UE o la utilización del género como coartada en las dinámicas de la globalización por Chusa Lamarca

Después de cada guerra alguien tiene que limpiar.
No se van a ordenar solas las cosas,
digo yo.

Alguien debe echar los escombros a la cuneta
para que puedan pasar
los carros llenos de cadáveres.

Alguien debe meterse
entre el barro, las cenizas,
los muelles de los sofás,
las astillas de cristal
y los trapos sangrientos.
Wislawa Szymborska: Fin y principio, 1993


En la “próspera” y “culta” Europa, las cifras del desarrollo económico se entremezclan con las de la pobreza y la exclusión, el desempleo y los despidos masivos; la incorporación de las mujeres al “mercado laboral” va indefectiblemente ligada a la imposición de una doble jornada, puesto que los hombres siguen sin asumir sus responsabilidades en el ámbito doméstico; las condiciones laborales y sociales empeoran y las diferencias salariales y los desequilibrios en los puestos de poder y de toma decisiones entre mujeres y hombres se mantienen; mientras que los medios de comunicación exhiben un sangrante e incesante desfile de mujeres víctimas de la violencia a manos de sus compañeros o ex-compañeros masculinos (1).

Los discursos discriminatorios y misóginos han desaparecido de los documentos oficiales de la UE (2), y la apelación a la igualdad de géneros está presente en todos sus informes. Sin embargo, los poderes públicos y la UE entre ellos, vienen practicando una apropiación descarada, un desplazamiento y una tergiversación de los conceptos y de los discursos feministas. La toma en consideración de la perspectiva de género ha sido manipulada y despolitizada hasta convertirse en una justificación para otros fines. Un ejemplo paradigmático ha sido la defensa de la guerra en Afganistán bajo la excusa de que era necesario liberar a las mujeres del burka, cuando durante años los medios de comunicación y la “comunidad internacional” permanecieron impasibles ante la expropiación de sus más elementales derechos humanos o incluso, como es el caso de EE.UU. contribuyeron a apoyar al régimen talibán. Y mientras se dice liberar a las mujeres de su opresión, se bombardean sus hogares; se siembran de minas sus ciudades y aldeas; se mata a sus hijos, familiares y amigos; se las condena a morir de hambre y de sed o se las conduce a una huida desesperada quizás sin posibilidades de retorno. A alguna justificación moral hay que apelar y las mujeres son una coartada fácil, cuando lo que se pretende es defender la violencia y la guerra, y se tratan de ocultar otros intereses económicos como el control de recursos naturales, el negocio de armas o un nuevo posicionamiento geoestratégico por parte de las grandes potencias, la UE entre ellas.

Aunque las políticas europeas han ido variando con el paso del tiempo y el tamiz de género se ha convertido en una constante gracias a la labor y el esfuerzo denodado de muchas mujeres, no hay que olvidar que lo que realmente promueve el proyecto europeo, el núcleo puro y duro de su política, es la conformación de un mercado global y la configuración de un orden social y económico capitalistas. Convendría analizar, pues, si los valores que promueve la globalización: la competencia, el individualismo, la compraventa, el beneficio y la rentabilidad por encima de todo, la razón y la ética económicas o dar un mayor valor al ciclo del dinero que al ciclo de la vida, son compatibles con el bienintencionado objetivo que dice perseguir la UE, de lograr la igualdad entre mujeres y hombres. ¿No son precisamente los valores androcéntricos llevados a su extremo los que promueve la globalización? Estos valores perjudican tanto a mujeres como a hombres, pero especialmente se ceban contra las primeras.

La UE utiliza la retórica de la perspectiva de género para imponer un orden social y económico injusto. La UE utiliza a las mujeres como medios para controlar y dirigir las políticas demográficas, para alcanzar los objetivos macroeconómicos, para impulsar las políticas de libre comercio, para que las transnacionales sigan obteniendo beneficios, para seguir haciendo ricos a los más ricos y para que la globalización capitalista se extienda a todos los lugares del planeta y a todos los ámbitos de relación humana. En los países de la periferia, bajo la excusa de fomentar el control de natalidad y la salud, el bienestar infantil, la educación y la erradicación de la pobreza, las mujeres se convierten en medios a través de los cuales la UE pone en práctica sus políticas neoliberales.

El capital sigue creciendo y acumulando no sólo a costa del menor salario que paga a las mujeres, sino también a costa de un trabajo que realizan las mujeres y que permanece aún invisible y sin valor económico y social, como es el de cuidar, mantener y dar vida a los que serán los futuros “productores” y “consumidores” para el sistema. Sin ese trabajo, básico y necesario para la vida y el funcionamiento de cualquier tipo de sociedad humana, tampoco serían posibles un mercado y una sociedad capitalistas (3). El capital convierte a las mujeres en “externalidades” a costa de las cuales incrementa sus beneficios.

La UE sigue diferenciando claramente el espacio político del espacio social y marcando los límites entre el ámbito público y el ámbito privado, sin comprender que hasta que no se conecten estas dos esferas separadas, las necesidades e intereses de las mujeres seguirán sin ser tenidas en cuenta y que los desequilibrios entre géneros continuarán sin resolverse. Las labores de cuidado, mantenimiento y responsabilidad de los núcleos familiares, de las que se desentienden tanto el mercado, como ahora el estado, siguen recayendo sobre las mujeres, y ahora se les exige también una fuerte presencia en el mercado para competir en “igualdad” de condiciones con los hombres. El resultado de esta doble –y triple jornada si quieren intervenir en ese artificio que se denomina política- es que las condiciones de vida para muchas mujeres han empeorado (aunque las condiciones materiales sí hayan mejorado) y lo que, en principio, iba a liberarles de la subordinación, se ha tornado en una doble opresión.

La UE ha impulsado normas, leyes y reglas y ha cambiado el discurso, pero las bases sobre las que se asienta la dominación androcéntrica siguen intactas. El género sigue siendo un sesgo puesto que las políticas y programas con “sensibilidad” hacia el género se mantienen como aspectos secundarios que no llegan a tambalear –ni siquiera a poner en cuestión- las causas estructurales de la desigualdad. La retórica del género que utiliza la UE y la promesa de aplicar la transversalidad en todas las políticas mediante el uso de indicadores de género, permiten poner de manifiesto -y parchear en algunos casos- las desigualdades, pero las relaciones de poder entre hombres y mujeres no se alteran. La perspectiva de género como algo secundario, no supone de por sí la equidad, ni tampoco un cambio de paradigma y muchas veces constituye una coartada con la cual ocultar las relaciones jerárquicas entre hombres y mujeres, que van mucho más allá de las diferencias de género y sexo.

Hay muchas formas de intervenir en lo político, lo social, lo cultural, lo doméstico, lo simbólico y todos los demás ámbitos, y la multiplicidad y diversidad de expresiones organizativas es sana y necesaria, sin embargo, ya podemos apuntar un análisis, puesto que hay suficiente camino recorrido, de lo que de verdad puede aportar un feminismo institucionalizado dentro de un marco como es el de la Unión Europea. Podemos resaltar que los avances en materia de igualdad de géneros dentro de los canales oficiales de la política europea –y más cuando el poder político ha perdido influencia frente al todopoderoso poder económico-, están muy limitados, y que no sólo es perentorio buscar otros caminos, sino que luchar desde el ámbito de la UE es un espejismo, que en muchos casos se está volviendo contra las propias mujeres.

NOTAS:

(1) Más de 40 millones de mujeres europeas son víctimas de malos tratos en el hogar. Una reciente encuesta del Eurobarómetro muestra que sólo la mitad de las personas entrevistadas, reconocen que la violencia está bastante extendida y un 46,1% de las personas encuestadas (la mitad eran mujeres) responsabiliza a la mujer de provocar la violencia con su comportamiento.

(2) Aunque de vez en cuando alguna “perla” machista se sigue encontrando todavía en boca de los políticos, gobernantes y gestores europeos. El lamentable diálogo sobre el reparto de una docena de agencias europeas -entre las que se encontraban las de alimentación y tecnologías de la información- con que concluyó la Cumbre Europea de Laeken y que fue recogido por los medios (El País: El jamón dulce y las mujeres, 18-12-2001), semejó una discusión de taberna entre un chulesco Berlusconi gritando que Parma es sinónimo de buena cocina, que Helsinki es buena para los congelados y que los finlandeses ni siquiera saben lo que es el jamón dulce. Persson, el primer ministro sueco, afirmando despectivamente que es raro que la agencia de tecnologías pueda ir a España y un rijoso Chirac haciendo comentarios machistas preguntándose ¿qué pasaría si Suecia tuviera una agencia para formar modelos, ya que tiene mujeres guapas? es una muestra palpable del nivel de reflexión de los principales líderes europeos y de que, como no, cuando alguien se hace eco de los tópicos típicos, no podía faltar el más típico y tópico de todos: la impertinencia machista; fiel reflejo de que los discursos elaborados han cambiado mucho, pero que el subconsciente traiciona y saca a la luz que las ideas de fondo han cambiado bien poco.

(3) Para el feminismo, y para hacer un análisis correcto del funcionamiento del sistema económico y social, es fundamental diferenciar entre trabajo y empleo asalariado, pues muy alegremente, o de forma deliberada, no se suele tener en consideración toda esa enorme cantidad de trabajo que realizan las mujeres al margen del mercado, que no se recoge en los balances macroeconómicos y que aparece en los informes oficiales bajo el epígrafe falso, interesado y denigrante de “inactividad”.

Chusa Lamarca

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