La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (III)
“Es ridículo asumir el trabajo de un hombre sólo para poder decir que una mujer lo ha hecho.
La única razón decente de abordar una tarea
es que sea tuya y que tú quieres desempeñarla.”
Dorothy Sayers: Are women human?
La presencia de mujeres en las instituciones no garantiza la perspectiva de género ni tampoco que éstas representen a las mujeres como colectivo. En la UE, los lobbies de mujeres continúan luchando por las cuotas puesto que las cifras de la desigualdad siguen siendo escandalosas. En las propias instituciones de la UE y en los estados miembros, las mujeres son franca minoría: sólo el 25% de los miembros de la Comisión Europea son mujeres, y de ésta únicamente un 2,8% son Directoras Generales. Tanto el Tribunal de Justicia como en Tribunal de Cuentas cuentan con una sola jueza cada uno. La
representación femenina en el Parlamento Europeo es del 30,2% y, aunque la anterior presidencia ha estado ocupada por una mujer, sólo existen un 7% de las vicepresidencias y un 29% de las presidencias de comisión que recaen sobre mujeres (1).
Las cifras son aún más desalentadoras en los parlamentos nacionales. El índice medio de la UE es del 18,6%, aunque hay diferencias notables entre países: desde el caso excepcional de Suecia, con un 43,6% de parlamentarias y un 52,6% de mujeres en el gobierno, hasta llegar a Grecia con un escaso 6,3% de mujeres en su parlamento.
Cabe preguntarse ¿ha cambiado algo? Sí, indudablemente ha habido avances. También se han creado ministerios y organismos de mujeres, maquinarias institucionales especializadas en género, e incluso en Noruega se ha llegado a hablar de feminismo de Estado, con pactos entre mujeres que han conseguido mayoría en el gobierno (2). Pero la lucha por el poder de las mujeres desde dentro del poder, se ha demostrado vana para modificar y transformar el mundo y para acabar con unas relaciones asimétricas. Al igual que la izquierda ha sido siempre absorbida y ha acabado adaptándose, perpetuándose y enquistándose en un sistema que pretendía combatir desde dentro, la participación de las mujeres en las instituciones androcéntricas hace ahora más difícil desentrañar que lo que existe es un falso igualitarismo incapaz de reconocer la diferencia igualitaria e incapaz de romper unas relaciones injustas entre géneros, siempre opresivas para las mujeres.
La presión y la lucha de las mujeres en la UE ha obligado a ceder poco a poco espacios y a aceptar ciertas demandas de las mujeres, pero el orden de pensamiento androcéntrico continúa vigente con los valores, creencias y actitudes en los que siempre domina la lógica masculina. Es más, la visión masculina sigue afirmándose como la única posible y como la visión universal y muchas mujeres que “triunfan” lo logran precisamente tras haber adoptado los modelos masculinos y competir en los campos que ellos establecen y con las reglas que ellos fijan. Hoy por hoy sigue sin ser posible un acercamiento horizontal y el diálogo con lo masculino parece que sólo se puede establecer desde los parámetros de la masculinidad (3).
La lógica masculina se ha impuesto siempre en la política, la ética, la historia, la filosofía, el arte, la cultura y la ciencia (utilícense también sus plurales) y se ha entrelazado con las ideologías, las estructuras sociales, económicas, raciales y sexuales yuxtaponiendo a las desiguales relaciones sociales, económicas, políticas, simbólicas y culturales, el constante sustrato de las relaciones asimétricas entre géneros (4). Lo que muchas mujeres sospechamos es que el poder es, en sí mismo, un atributo androcéntrico y que los distintos poderes se van entretejiendo en una maraña difícil de desentrañar, por lo que habrá que hacer frente a todas y cada una de las manifestaciones de poder. Existe, también, una responsabilidad individual y social para determinar si uno/a ejerce una relación de poder sea en el ámbito que sea: económico, político, social, cultural o doméstico y si esta relación se sustenta también en un poder basado en la opresión de un género por otro. En algunos casos son las propias mujeres las que adoptan el rol masculino y tratan de ejercer el poder androcéntrico. Para las mujeres –y para los hombres- pensar de otra manera se convierte en sí mismo en un acto de resistencia.
Los espacios del poder, como es el caso de la UE, son espacios y estructuras no sólo ocupadas en su mayor parte por varones, sino espacios androcéntricos en sí mismos, espacios empobrecedores en los que es imposible desarrollar nuevos valores y desde los que es más difícil proyectar e impulsar otras lógicas. La UE es un espacio monolítico y de pensamiento único, impermeable a la propuesta de repensar el mundo e impenetrable a las nuevas formas de imaginar, actuar e interpretar la política de otra forma. Las mujeres dentro de la UE han variado, en parte, sus relaciones con el poder, pero no han modificado un ápice el poder mismo.
Desde las estructuras no se cambia el poder, y menos en el caso de las mujeres que como se ha demostrado, cuando se suman a él siempre se topan con el denominado techo de cristal. El feminismo abrió una nueva puerta de acción colectiva haciendo visible que la política no debe ser la lucha por el poder, sino una profunda crítica a todo poder. El feminismo también percibió una nueva manera de entender y practicar la política donde el fin no justifica los medios, donde lo social ocupa el espacio de lo político, donde no existe separación entre el espacio privado y el público, donde lo personal también es político y donde las resistencias contra el poder toman muchas formas y caminos distintos, pero entre las que prima un cambio de valores, un cambio radical de conciencias y de actitudes tanto individuales como colectivas y una nueva forma de entender y organizar el mundo.
El feminismo es una amalgama, un crisol, una complejidad de ideas, experiencias, actitudes y acciones, y esto nos conduce a hablar de feminismos. El feminismo/los feminismos han aportado una renovación ética, una reinterpretación del mundo, un nuevo lenguaje, nuevos valores, una nueva lógica y nuevos enfoques para el conocimiento, la historia y la política, pero también nuevas formas de resistencia.
El poder que discrimina a las mujeres no es únicamente un poder masculino porque sean los individuos varones los que ocupan las butacas y los puestos de mando, el poder es una construcción social que hay que erradicar y combatir, dando un nuevo sentido a las relaciones humanas. Además, hay que tener en cuenta, que el espacio político tradicional ha quedado cada vez más relegado, y que son cada vez más los poderes económicos y los mercados mundiales, los que imponen las reglas. En la UE -configurada ya desde sus inicios como un mercado, una unión económica y monetaria, y no como un proyecto de sociedad - son los poderes económicos los que van adquiriendo mayor injerencia en las decisiones que nos afectan, mientras que el poder político pierde influencia. ¿No es sospechoso que en el momento de mayor exclusión social y económica tanto para mujeres como para hombres, se pida a las mujeres una mayor inclusión en las administraciones e instituciones políticas oficiales? Suecia es, en este sentido, el país más igualitario de la UE, con un porcentaje del 43% de mujeres en el parlamento, un 61,3% de tasa de actividad femenina (frente a un 76% en los hombres), un mes por baja de paternidad obligatoria y unos servicios sociales que cuentan con una nutrida red de centros de atención a la infancia y unos servicios públicos domiciliarios que cubren las necesidades de atención del 17% de la población anciana. Sin embargo, sólo hay un 6% de mujeres directivas en el sector privado y un 3% en los consejos de administración de empresas que cotizan en bolsa. Además, un estudio realizado en 1997 mostró que el trabajo doméstico sólo se comparte equitativamente en el 13% de hogares suecos.
En la UE, las especialistas y profesionales del género han llegado a conformar una tecnocracia que se aleja mucho de las necesidades reales de las mujeres. Esta elite está inserta tanto en las instituciones europeas como en los organismos internacionales, que son quienes diseñan las “políticas de la igualdad” y los programas de “ayuda al desarrollo” mientras que muchas ONGs y grupos de presión, a las que se inviste de representación colgándoles la etiqueta de “interlocutores sociales”, se encargan de ponerlos en marcha. En eso consiste, para la UE, la participación de las mujeres en la sociedad y la política, pues el poder sólo trata con intermediarios sumisos y disciplinados.
NOTAS:
(1) La mayor parte de estos datos han sido extraídos de COMISIÓN EUROPEA: Comunicación de la Comisión al Consejo, al Parlamento Europeo, al Comité Económico y Social y al Comité de las Regiones. Hacia una estrategia marco comunitaria sobre la igualdad entre hombres y mujeres (2001-2005). Bruselas, 7-6-2000. COM (2000) 335 final.
(2) El diario El País se hacía eco de un curso impartido por diputadas noruegas a diputadas españolas con el fin de enseñarles a moverse en las movedizas arenas de la política. Las noruegas informaban de cómo en ocasiones eran ninguneadas por sus compañeros diputados o cómo les falla su propia autoestima. “Inseguridad, baja autoestima y estrés son el precio que pagan las mujeres diputadas y que ven cómo, en un mundo tradicionalmente de hombres, su labor queda aún hoy muchas veces relegada a anécdota”... “En Noruega, como tenemos cuotas de hasta el 40% de presentación femenina en los órganos políticos, muchos hombres y mujeres creen que ya se ha llegado a la igualdad, porque es lo que dice la ley, pero la realidad es aún muy dura”... “El debate de fondo sigue siendo si las mujeres construimos nuestra propia fórmula de hacer política o si nos adaptamos a las reglas tradicionales, que son las de los hombres.” EL PAÍS: Curso de supervivencia para políticas, 31-12-2001
(3) Afortunadamente sí existen algunos intentos de este acercamiento horizontal y no jerárquico entre géneros. Desde hace poco más de una década, se están formando y organizando algunos colectivos y grupos de varones que tienen como objetivo cuestionar la identidad y construcción de la masculinidad. En Jerez de la Frontera se celebraron, en diciembre de 2001, las Primeras Jornadas Estatales sobre la Condición Masculina, en donde muchos de estos colectivos presentaron sus ponencias y talleres con una crítica radical a la masculinidad como norma universal.
Las lógicas que se persiguen desde el movimiento antiglobalización van también en esta dirección de concebir el mundo con una visión radicalmente distinta a la androcéntrica y promueven también un acercamiento horizontal entre los géneros. Se han realizado algunas reflexiones y acciones al respecto, sin embargo, todavía no se le ha dado al tema la dimensión e importancia que merece.
(4) No es sólo que los varones hayan dominado estos campos (la Historia con mayúsculas sólo recoge los hitos de filósofos, científicos o artistas varones), sino que la lógica androcéntrica es la que se encarga tanto de categorizar las disciplinas, como también los parámetros sobre los que éstas se asientan. Tanto la ciencia como el arte, la filosofía, la historia y la cultura se han construido desde el poder masculino y con los valores masculinos y se han puesto al servicio de los varones, dejando al margen la visión de las mujeres y, en muchos casos, construyéndose contra las mujeres. El proceso es similar al que ha ocurrido con la cultura occidental, que se ha elevado a la categoría de valor principal, único y universal y que establece los parámetros sobre lo que es y significan cultura, civilización o desarrollo.
Chusa Lamarca.
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