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Desglobaliza: ideas contra el neoliberalismo y la globalización

Apuntes sobre globalización, ecología y medio ambiente, libre comercio, feminismo, Unión Europea, medios de comunicación, etc.

La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (V)

El discurso de la “igualdad de oportunidades” de la UE o cómo conseguir la igualdad para competir hacia la desigualdad por Chusa Lamarca



“El que mira es por lo pronto un ciego
que no puede verse a sí mismo.
Y así busca siempre verse cuando mira,
y al par se siente visto”
María Zambrano: Claros del Bosque.

- A ver, explícame por qué no ha habido ninguna mujer como Einstein
- Y explícame tú dónde estaría Einstein si en su época hubiera nacido negro.
Montserrat Roig: ¿Por qué no ha habido mujeres genio?

La UE dice seguir un enfoque de transversalidad o mainstreaming, que consiste en integrar el objetivo de la igualdad en todas las políticas que tengan repercusiones directas o indirectas en las mujeres o en los hombres.

La Estrategia Marco Comunitaria sobre la Igualdad entre hombres y mujeres (2001-2005), basa las iniciativas comunitarias relacionadas con la igualdad en los 5 ámbitos de intervención siguientes: vida económica, igual participación y representación, derechos sociales, vida civil, y roles y estereotipos establecidos en función del sexo.

Las transformaciones sociales que se pueden llevar a cabo tomando estos ámbitos limitados y parciales de actuación son, como veremos a continuación, casi nulas y muchas de las medidas adoptadas no sólo mantendrán, sino que también profundizarán la desigualdad. Expondré y comentaré paso a paso los 5 ámbitos de actuación y sus objetivos:

1- Promover la igualdad entre hombres y mujeres en la vida económica: la UE se propone reducir la segregación en el trabajo y la conciliación del trabajo y la vida familiar y pretende integrar a la mujer en la nueva economía.

Desde esta perspectiva, la UE considera a las mujeres como unos excelentes “recursos humanos” (son más baratos y flexibles que los hombres) todavía vírgenes de explotación en el mercado laboral. La idea es convertir a estos sujetos sociales “inactivos” en sujetos plenamente económicos. Pero para integrar a las mujeres en el mercado, éstas necesitan un empujoncito porque las mujeres tienen “cargas familiares”, están menos preparadas para la “economía del conocimiento”, etc. y además, existen algunos “problemas” que les impiden conciliar la vida laboral y familiar, así que habrá que establecer algunas acciones “positivas” para alentar a las mujeres a integrarse al mercado. Estas medidas de ayuda serán, en su mayor parte, medidas de mercado: revisión de los sistemas fiscales porque actualmente éstos disuaden a las mujeres de incorporarse al mercado laboral, fomentar el aprendizaje permanente y el acceso a medidas activas del mercado de trabajo, fomentar la empleabilidad y el acceso de las mujeres a puestos de las tecnologías de la información incrementando la participación femenina en la educación y formación en esos ámbitos y crear un grupo de expertos sobre la igualdad entre hombres y mujeres en la economía. La existencia de este grupo de expertos para asistir a la Comisión en esas tareas es fundamental para aplicar el barniz de la igualdad una vez que se han establecido los parámetros generales de la economía porque ésta, no se piensa en un principio para servir a las personas y mucho menos a las mujeres, sino al contrario, por eso se necesita un comité de expertas que adornen con el barniz de género las políticas macroeconómicas, el crecimiento y la competitividad.
La UE persigue la configuración de una sociedad de mercado y las mujeres son consideradas como sujetos económicos a los que hay que ayudar para integrarlos en él, puesto que el sistema considera que en el estado actual no están preparadas para la producción y consumo capitalistas y dado que la reproducción y las tareas de cuidado no engrosan el PIB, habrá que enfocarlas también hacia la producción. En la UE son continuos los ejercicios de legitimación en los que el llamado “problema de género” hace el crecimiento económico más eficiente. Para el sistema, garantizar los beneficios es mucho más importante que el que existan discriminaciones por razón de género y bienvenidas sean estas discriminaciones –a pesar de la retórica sobre la igualdad- si se puede abultar más aún el bolsillo. Ya hemos analizado antes cómo el reordenamiento económico que está produciendo la globalización reconfigura también el antiguo orden patriarcal asignando un nuevo rol que se suma al anterior, conduciendo, pues, a las mujeres a una doble explotación.

2- Fomentar una igual participación y representación: La UE hace un llamamiento a la persistente subrepresentación de las mujeres en todos los ámbitos de toma de decisiones y califica este hecho bajo el eufemismo de déficit democrático, muy en la línea de que la intervención pública sólo debe realizarse desde los cauces institucionales de participación y representación . Para restablecer el equilibrio y dar buena imagen de sus instituciones propone establecer sistemas de cuotas en las instituciones, en los comités y los grupos de expertos. Hemos analizado anteriormente cómo el poder dentro de las instituciones, aunque exista una mayoría de mujeres, sigue dominado por la lógica androcéntrica; cómo el poder se ha desplazado del ámbito político institucional al ámbito económico y que por eso no es extraño que ahora se haga un llamamiento a las mujeres para que acudan a él; y cómo este desplazamiento de lo político hacia lo económico conduce a las personas y más concretamente a las mujeres, a la precarización, la pobreza y la exclusión, mientras que el todopoderoso y antidemocrático poder económico lo ejercen las transnacionales y el poder financiero, sin dar cuentas a nadie y con el único objetivo de obtener beneficios.

3- Promover la igualdad de acceso y el pleno disfrute de los derechos sociales para las mujeres y los hombres. A este respecto, dice la estrategia: “Muchas mujeres no tienen las mismas posibilidades de acceder a los derechos sociales, ya sea porque algunos de ellos se basan en un modelo superado del hombre como sostén económico de la familia o porque no tienen en cuenta que son principalmente las mujeres quienes tienen que conciliar la vida familiar y profesional. Esto resulta evidente en muchos sistemas de protección social, lo cual, a su vez, es una de las explicaciones de la feminización de la pobreza en la Unión Europea”.

Sin embargo, a la vez que considera necesario un sistema de protección social, la UE, se plantea el desmantelamiento del estado social: la privatización de los servicios públicos y de las prestaciones sociales. La Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea es muy ilustrativa en este sentido. La Carta afirma: “La Unión reconoce y respeta el derecho de acceso a las prestaciones de la seguridad social y a los servicios sociales que garantizan una protección en casos como la maternidad, la enfermedad, los accidentes laborales, la dependencia o la vejez, así como en caso de pérdida de empleo” e igualmente “la Unión reconoce y respeta el derecho a una ayuda social y a una ayuda de vivienda para garantizar una existencia digna a todos aquellos que no dispongan de recursos suficientes” todos estos derechos “según las modalidades establecidas por el derecho Comunitario y las legislaciones y prácticas nacionales.” Hay que ser una semántica sagaz para descubrir que lo que reconoce y respeta la Unión es el “derecho al acceso” y, no “el derecho en sí mismo a las prestaciones de seguridad social, servicios sociales, ayuda social, ayuda de vivienda, etc”, es decir, que les perdona la vida a los estados que quieran ofrecer estos servicios para que puedan acceder a ellos sus ciudadanos, pues lo que se permite es la “posibilidad” de que los estados ofrezcan estos servicios, aunque tal y como corren los vientos privatizadores y el afán denodado y tenaz en el abandono de todo servicio y prestación pública, habría que dar las gracias porque el derecho que se establezca sea el del “acceso” y no la “prohibición”.

Conciliar la vida familiar y laboral no puede consistir en una simple declaración de intenciones y cuatro o cinco normas legales, además de que el desmantelamiento del estado social acrecienta el desajuste entre estos dos ámbitos puesto que son las mujeres las que cargan con todo el trabajo del que se desentiende ahora el estado social, sino que sería necesario un cambio profundo en las relaciones sociales dentro y fuera del espacio laboral, un cambio en las relaciones simbólicas que obligara a un replanteamiento de un sistema económico y social que gira alrededor de la esfera del trabajo.

Las políticas de la “igualdad” que se puedan aplicar en el sentido de una protección social para las mujeres dentro de la lógica del sistema, no tienen como fin la autonomía de las mujeres o su emancipación, sino que como hemos afirmado antes, tienen un objetivo familista, puesto que no se basan en derechos individuales de las personas, sino en los derechos familiares asentados sobre el viejo concepto de familia: el varón mantenedor y la mujer cuidadora. Un modelo no superado en la mayor parte de las legislaciones nacionales de los estados de la UE, aunque en la sociedad sí se hayan producido ciertos cambios.

La sociedad siempre se anticipa a las leyes y las relaciones afectivas y familiares están cambiando de forma drástica, pero las instituciones políticas no saben cómo hacer frente a esos cambios y mantienen una estructura económica basada en unos derechos familiares que se asientan sobre el único vínculo reconocido que es el de parejas heterosexuales y con un contrato legal, ignorando las muy distintas opciones de convivencia, -aunque recientemente en algunos países de la Unión, se les hayan reconocido algunos derechos limitados a las “parejas de hecho” o a las uniones homosexuales, pero más sobre el papel que en sentido de una protección social igual o similar a la de las parejas heterosexuales y con un contrato legal.

El desmembramiento de muchos hogares familiares en los que el antiguo “cabeza de familia” se ha ausentado o los hogares de mujeres solas y con hijos en los que el varón nunca ha existido, ha puesto en crisis todo un sistema social y económico que se asentaba sobre las bases del varón mantenedor y la mujer cuidadora, y de un sistema de protección social articulado en torno a la esfera del empleo asalariado. Quien no haya sido un sujeto económico no tiene derecho a protección social, a no ser que dependa de otra persona que sí es o haya sido un sujeto económico. Y cuando las mujeres no son sujetos económicos capaces de mantener a la familia y mantenerse ellas mismas y no cuentan con el varón mantenedor, se alienta en ellas un sentido de culpa individual por su situación de pobreza o exclusión social. El modelo de EE.UU. basado más en el workfare (1) que en el welfare (2), es el que está empezando a ser adoptado por muchos países de la UE, como es el caso de Italia donde está bastante extendido, aunque existen iniciativas concretas en este sentido en otros muchos países europeos. El desmantelamiento del estado social, promovido por la UE bajo los parámetros del Pacto de Estabilidad, la reducción del gasto público y la privatización de servicios, obliga a las mujeres a no depender del estado y a integrarse en el mercado aceptando los trabajos más precarios. Se ofrecen cursos de promoción y “capacitación” laboral para formar “microempresarias” y otras categorías mucho menos cualificadas, formación que en la mayor parte de los casos no tiene salida o tiene una salida, generalmente en el sector servicios, en unas condiciones laborales y con un salario sumamente precarios.

La cuestión es que está cambiando la conciencia de que las mujeres ya no pueden depender de papá estado, aunque sigue siendo muy decente y hasta hace unos años era lo políticamente correcto, depender de papá marido. Pero cuando éste último no existe y a la mujer le es ya imposible constituirse como un sujeto económico por sí misma, se plantea el grave problema de cómo dar salida a la pobreza y la marginación sin tener que recurrir a un sistema asistencial que se pretende erradicar o que se deja en manos de las ONGs caritativas.

En una sociedad en la que ya no hay pleno empleo (aunque no lo ha habido nunca porque se excluía a las mujeres) y en la que la vida laboral es cada vez es más discontinua, por lo que no se llegan a cubrir el tiempo necesario de cotización u otras condiciones para tener derecho a una prestación social contributiva (por desempleo o una pensión), es una solemne estupidez basar el derecho a la prestación social en la cotización laboral. Con el fin de evitar no sólo la marginación y la disgregación social, sino también el derecho a una vida digna (vivienda, alimentación, etc.) y exigiendo una redistribución equitativa de las rentas, va cobrando cada día más fuerza la necesidad de establecer una renta básica que asegure los medios necesarios para vivir dignamente a toda la ciudadanía. Esta renta básica sería no sólo para las personas desempleadas y las personas excluidas o marginadas, sino también para el resto de la ciudadanía, entendida como un derecho universal.

Las dos instituciones reguladoras básicas del estado del bienestar europeo han sido el sistema de pensiones y la familia. La renta básica universal permitiría también desplazar la vigencia de esas dos instituciones (empleo y familia) consideradas ahora como únicas formas de articulación social y también permitiría trascender la radical separación entre trabajo asalariado y trabajo doméstico en cuanto a su distinta valoración económica.

En la UE permanecen aún los cimientos básicos del estado del bienestar, pero cada día se tambalean más por la presión neoliberal, que fuerza al desmantelamiento de los servicios sociales por parte de los estados y a la privatización de los sistemas públicos de sanidad, educación, pensiones, etc.

En marzo de 2001 los Ministros de Asuntos Sociales de la UE se reunieron en Norrkoping (Suecia) para tratar de estos asuntos bajo el lema “La igualdad de oportunidades y seguridad social, motores del crecimiento económico”. El lenguaje no es nada inocente y esta frase, intencionadamente polisémica, aparte de aclararnos que el objetivo real de las políticas de la igualdad es ponerlas al servicio del crecimiento económico y la competitividad, recoge también otra pluralidad de significados. Igualdad de oportunidades, dentro de los parámetros del (neo)liberalismo, es sinónimo de competencia. Poner en relación la igualdad de oportunidades y la seguridad social, puede interpretarse como un intento de tercera vía que conjugue la igualdad de oportunidades (o sea, la competitividad) con la seguridad social (la necesidad de un sistema de protección social). Pero también se juega con el término seguridad social al relacionarlo con el crecimiento económico y nos encontramos con un doble sentido: ¿se defienden los sistemas de seguridad social como un factor necesario que hay que mantener o se trata de conducir a la seguridad social hacia la privatización para aumentar el crecimiento económico? Las tendencias van en ese último sentido.

4- Promover la igualdad entre hombres y mujeres en la vida civil: La Estrategia se refiere al pleno disfrute de los derechos humanos y libertades fundamentales con indiferencia del origen étnico o racial, la religión o creencias, la discapacidad, la edad o la orientación sexual. Habla también de promover los derechos específicos de la mujer como derechos humanos universales y hace mención a las mujeres sujetas a discriminaciones múltiples (mujeres migrantes o con discapacidad, edad avanzada, riesgo de exclusión social, mujeres enfrentadas a la violencia o la explotación sexual), etc. Lo que pretende la UE es establecer mecanismos de cumplimiento de la legislación en materia de igualdad de trato.

Efectivamente, muchas mujeres carecen de los derechos ciudadanos básicos, y es sintomático que entre los derechos recogidos en la Carta Europea de los Derechos Fundamentales, no se reconozcan muchos de estos derechos y tampoco los derechos reproductivos de las mujeres, incluido el derecho al aborto. Se reconoce el derecho a contraer matrimonio y el derecho a fundar una familia según las leyes nacionales, pero tampoco se reconoce el derecho al divorcio.

La Carta dice “Se garantiza la protección de la familia en los planos jurídico, económico y social. Con el fin de poder conciliar la vida familiar y profesional, toda persona tiene derecho a ser protegida contra cualquier despido por causa relacionada con la maternidad, así como el derecho a un permiso pagado por maternidad y a un permiso parental con motivo del nacimiento o la adopción de un niño”.

No sólo las políticas neoliberales de la UE ahondan las desigualdades entre mujeres y hombres, sino que también producen diferencias entre las propias mujeres. La segregación entre mujeres de elite y mujeres integradas en el sistema capitalista androcéntrico –tanto dentro de las instituciones políticas, como de las instituciones de mercado- está creando ciudadanas de 2ª y ciudadanas de 3ª (el 1er puesto se suele reservar a los varones). La política de inmigración de la UE también favorece esta segregación al diferenciar claramente los derechos de las mujeres comunitarias de las no comunitarias, condenando a éstas últimas a la pobreza y la exclusión, o al desempeño de empleos precarios o en régimen de explotación, cuando no conduciéndolas a la esclavitud sexual o a la muerte en las temidas aguas del Estrecho. Muchos programas son en sí mismo discriminatorios y racistas, ya que se establecen teniendo en cuenta unas supuestas necesidades de las mujeres con el fin de reconstruir una ciudadanía marcada por el género, la clase, la etnia y la procedencia nacional, pudiéndose hablar de una discriminación múltiple para muchas mujeres inmigrantes.

En cuanto a la violencia contra las mujeres, el continuo aumento de este tipo de casos, ha obligado a tomar algunas medidas legislativas y judiciales al respecto, y a poner en marcha algunos programas como el programa DAPHNE para informar y proteger a las víctimas de la violencia, dotado con 20 millones de euros; pero los esfuerzos siguen siendo insuficientes. La discriminación de las mujeres se muestra en la violencia sexista con toda su crudeza, y muestra el arraigo de la discriminación en cualquier ámbito de relación humana: personal, familiar y social. Cada vez va existiendo más conciencia de que se trata de un problema social y no de un problema individual o de índole privada, pero todavía no se tiene conciencia clara de la verdadera magnitud del problema teniendo en cuenta que la violencia doméstica causa en el mundo más víctimas mortales, entre las mujeres entre 15 y 44 años, que los accidentes de tráfico, el cáncer, la malaria o las guerras.

La violencia contra las mujeres ya es una constante en los medios de comunicación, sin embargo, se ha producido una banalización en el tratamiento de la violencia sexista ofreciendo las situaciones y los casos de agresión como un espectáculo preferente en los programas basura de la televisión y de la prensa amarilla y rosa. En muchos casos, las experiencias concretas de las mujeres víctimas de la discriminación y de la violencia sexistas, se agrupan bajo la denominación de “asuntos de mujeres”. Por ejemplo, la misma editorial que ofrece una colección de libros sobre los grandes pensadores de la historia y entre los cuales no cita a ninguna mujer, también oferta una nueva colección titulada: Testimonios de mujer, y cuya propaganda reza: “Una apasionante colección que reúne relatos vividos y contados por sus protagonistas femeninas, detrás de las cuales hay una historia fascinante que nos muestra su constancia y fortaleza. Una colección de una sinceridad sobrecogedora en la que las verdadera heroínas son mujeres como tú”. La sociedad del espectáculo y la sociedad de consumo explotan cualquier circunstancia que pueda reportar beneficios.

5- Promover el cambio de roles y estereotipos establecidos en función del sexo: la UE se propone eliminar los prejuicios y afirma que la publicidad y el material educativo, sin menoscabo de su libertad de expresión, deben contribuir a cambiar los estereotipos sexistas y presentar una imagen objetiva de los hombres y mujeres. El objetivo es concienciar sobre la cuestión de la igualdad.

Los medios de comunicación siguen manteniendo los estereotipos tradicionales junto al nuevo estereotipo de la mujer superwoman, acorde con los nuevos valores. Por ejemplo, a los tradicionales juguetes sexistas se han sumado hoy las game boys y las game girls y en la tecnología punta se siguen reproduciendo fielmente tanto los estereotipos sexuales tradicionales como los nuevos estereotipos que animan y promueven la competencia, la violencia y los valores androcéntricos, ahora también personificados por mujeres. Y, al igual que no es posible el consumo ecológico responsable, tampoco es posible un consumo feminista responsable pues hay que dejar la lógica y la ética feministas en casa antes de dirigirse al mercado, ya que la mayor parte de artículos se promocionan mediante anuncios sexistas o se producen, distribuyen y comercializan cometiendo profundas discriminaciones hacia las mujeres.

Las teorías, los hechos históricos, los hitos científicos y artísticos realizados por mujeres y la visión de las mujeres, siguen estando ausentes de los libros de texto. La violencia contra las mujeres no es sólo física, económica y política, sino también simbólica, se tiene un menor respeto a su dignidad como persona y a su visión del mundo, y existe una tremenda falta de reconocimiento de su contribución a la vida social. El feminismo se vive también en soledad y es necesario encontrar nuevos cauces para crear un verdadero tejido social que no permita la discriminación, ya que ésta se produce en todos los ciclos de la vida de las mujeres, en todas las clases sociales y en todos los ámbitos de la sociedad.

En suma, que las políticas de la igualdad que propone la UE en su Estrategia son mas bien maquillajes cosméticos que cambios reales en el orden androcéntrico. Además, la UE funciona bajo el perverso y absurdo parámetro de que la igualdad que se pretende entre mujeres y hombres es una igualdad enfocada hacia la desigualdad entre las personas. La igualdad de oportunidades, es una igualdad destinada a luchar en la selva social de la competitividad.

NOTAS:

(1) Workfare: se trata de fomentar el empleo obligatorio en las personas que cobran un subsidio. Los gobiernos y administraciones establecen programas de formación con el fin de recolocar o colocar a las personas desempleadas dependientes de una prestación social.

(2) Welfare: estado del bienestar o asistencial. La realidad es que el estado del bienestar, en la mayor parte de los países europeos no fue realmente un estado del bienestar, sino que eran las mujeres las que proporcionaban el bienestar con cierta ayuda del estado. En otros países, como es el caso de España, el estado del bienestar era sólo un atisbo y nunca llegó a desarrollarse.

Chusa Lamarca

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