La Unión Europea y la reconfiguración del orden androcéntrico en las dinámicas de la globalización (VIII)
“Quizá no haya un lugar que no haya sido un campo de batalla,
los aún recordados,
los hoy ya olvidados,
bosques de abedules y bosques de cedros,
nieves y arenas, pantanos irisados
y barrancos de negro fracaso
donde en caso de urgencia
satisfacemos ahora nuestras necesidades”.
Wislawa Szymborska:“La realidad exige”en Fin y principio, 1993.
En suma, la globalización capitalista y, por ende, la
Unión Europea, ya que se trata de uno de los principales agentes de la globalización a escala europea y también a escala mundial, sigue una lógica y una ética mercantilista, individualista, antropocéntrica, tecnocéntrica y eurocéntrica, valores todos ellos que profundizan la concepción y la lógica androcéntrica de las relaciones sociales y humanas. Los otros seres humanos y los otros seres vivos son simples recursos a utilizar. El sistema se apoya sobre la explotación de seres humanos -hombres y mujeres-, sobre la explotación de la naturaleza, sobre la dominación de otras sociedades no europeas y sobre el trabajo visible e invisible de las mujeres.
El mercado es necesario, pero hay distintos tipos de mercado, existen mercados no basados en la competencia o el lucro económico, sino que buscan otro tipo de relación social: reciprocidad, canje, ayuda mutua, solidaridad, comercio justo, reparto de tiempos, turnos para las tareas, cooperación, etc. Y también existen otro tipo de relaciones sociales más allá del mercado, no se puede reducir la vida social al mercado o integrar todas las esferas del ámbito público y privado en el mercado.
Tampoco se pueden separar estas dos esferas siguiendo dos concepciones y dos lógicas del tiempo contrapuestas e irreconciliables. La separación de lo público y lo privado, lo laboral y lo doméstico, lo político y lo social, y la integración de todo lo social en el mercado, supone la precarización de todas estas esferas de actividad humana al dar preeminencia a la racionalidad económica y al análisis coste-beneficio sobre la vida y las relaciones sociales.
La política, entendida como la toma de decisiones colectivas, debe establecerse sobre un principio de equidad y justicia social que atienda por igual, desde la diversidad, las verdaderas necesidades y deseos de los seres humanos, mujeres y hombres. Para ello se debe crear un espacio de encuentro desde el cual sea posible un acercamiento horizontal y no jerárquico, entre géneros. Este espacio no es posible desde el actual sistema social, económico, político, cultural y simbólico androcéntrico.
Urge por tanto, un cambio de rumbo de 180º, un cambio que exige conectar lo social con lo político y el espacio público con el espacio privado. No hay que confundir nunca ese espacio público con el mercado, ni tampoco con el Estado. El Estado ha sido a la vez opresor y liberador para las mujeres y siempre hay que mirarlo en estas dos vertientes. El Estado ha sido liberador porque hoy por hoy, se considera como el único canal que existe para la intervención pública o para cambiar y dictar leyes contra la violencia, para prestar los servicios sociales necesarios para la comunidad, pero también ejerce su control sobre la vida de las mujeres. El Estado es hoy por hoy, uno de los escasos canales de intervención pública (leyes, normas y reglas, parlamentos), en comparación con el mercado, sin embargo, el estado es también un agente de control para las mujeres ya que configura y reconfigura el poder masculino, redistribuye y define los distintos papeles de mujeres y hombres dentro del actual orden social del capitalismo global.
La Unión Europea nos aleja todavía más del ámbito social de intervención directa, y además, el proyecto europeo no consiste en un proyecto de sociedad –imposible de definir y establecer a tan gigantesca escala-, sino que se trata de la conformación de un mercado unificado y global, una unión económica y monetaria hecha a la medida de las elites económicas y no de las personas, y mucho menos de las mujeres. Sus instituciones políticas son una mera fachada puesta al servicio del capital europeo y trasnacional que sólo persigue el lucro económico y la rentabilidad y que sacrifica a las personas, especialmente a las mujeres, en aras del crecimiento económico y la competitividad. Por tanto, es preciso crear un nuevo espacio público, un espacio político-social de intervención que sea realmente democrático y no androcéntrico y desde el que impulsar un vuelco a todo un orden social prostituido. OTRO MUNDO ES POSIBLE Y NOSOTRAS LO COMENZAMOS A IMAGINAR Y PROYECTAR. SE PRECISAN NUEVAS MIRADAS.
Chusa Lamarca

